Charlotte Cooper

 


Charlotte Cooper

Charlotte Cooper fue una tenista británica y la primera mujer campeona olímpica de la historia. Nació el 22 de septiembre de 1870 en el Barrio de Ealing (Reino Unido). Consiguió la victoria en la final femenina de tenis de los Juegos Olímpicos de París, en el año 1900. Estos eran los primeros juegos en los que se permitió participar a las mujeres. Aprendió en el club de tenis de su localidad natal, el Ealing Lawn Tennis Club, sus dos primeros entrenadores en el club fueron H. Lawrence y Charles Martin. Pero el paso definitivo fue cuando Harold Mahony, el que era el mejor tenista de la entidad y el que años después ganaría en el All England Club y en los Juegos Olímpicos, accedió a entrenarla para que mejorase su juego. Con solo 14 años, ganó el campeonato del club, victoria que luego traería una carrera llena de éxitos. “Recuerdo que mi madre me vistió con el mejor de mis vestidos. Me fui al club el sábado por la tarde para jugar la final muy tranquila, sin nervios. Ganar fue algo que me marcó porque nunca había jugado un partido de esa importancia”, explicó Cooper. Durante el invierno, cuando no había competiciones tenísticas, y no se podía jugar sobre pistas de hierba, Charlotte se mantenía en forma corriendo, caminando y jugando al hockey sobre hierba en el equipo de Surrey.

En 1893, Charlotte ganó su primer título absoluto en el club de Ilkley. Sus victorias la animaron a competir junto a sus compañeras de club en torneos fuera de Gran Bretaña, especialmente en Alemania, donde se la admiraba por su enorme capacidad de concentración. Y la concentración de Charlotte en el juego tenía una explicación. En 1896, tras un proceso infeccioso, Charlotte quedó completamente sorda. Para un deporte en el que el sonido de la pelota al impactar en las cuerdas es vital, su mérito de adaptarse a esta dificultad fue enorme. Además ganó cinco campeonatos de Wimbledon, 1895, 1896, 1898, 1901 y el último en 1908, victoria que la convirtió en la tenista más veterana en ganar la prueba femenina de Wimbledon (récord que aún hoy sigue vigente) y también en la segunda en la historia en hacerlo como madre tras Blanche Bingley. En 1912 seguía siendo una de las mejores tenistas de la época y tras dos medallas olímpicas y cinco torneos de Wimbledon, volvió a llegar a la final de este torneo con 41 años, aunque esta vez perdería contra Dorothea Douglass. Siguió compitiendo hasta pasados los 50. Murió el 10 de octubre de 1966 en Helensburgh (Reino Unido) a los 96 años.

Tras su muerte, la familia buscó sin éxito los trofeos que había ganado durante su carrera. Uno de sus nietos, ante la frustrada búsqueda, manifestó con el conocido humor británico: “posiblemente se los regaló al jardinero”.

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